En agosto pasado, la empresa Nostrum Laboratories, ubicada en Misuri, EEUU, cuadriplicó el precio del antibiótico nitrofurantoína, considerado esencial por la Organización Mundial de la Salud y fabricado por la compañía. El jefe del ente dio una explicación franca: quería ganar más.

El precio de la nitrofurantoína de Nostrum en forma líquida se disparó de los 474,75 dólares por botella a los 2.392 dólares, es decir, se cuadriplicó.

Nirmal Mulye, director ejecutivo de Nostrum, defendió la subida del precio, citando las tendencias en el mercado, en particular, un aumento parecido adoptado por su competidor, Casper Pharma.

La droga analógica producida por este último tuvo una subida de precios de un 182% desde finales de 2015.

El caso de la nitrofurantoína es el enésimo episodio de las grandes subidas de precio de algunos medicamentos en los últimos años. Una tendencia a la que aún no se ha puesto freno a pesar de las advertencias de varias organizaciones. “La escalada de precios de medicamentos que son esenciales para la vida o destinados a enfermedades graves es clara”, explica a eldiario.es la directora de la plataforma Salud por Derecho, Vanessa López. “Los altos precios de los medicamentos están dificultando el acceso a los mismos y hay gente que muere por este motivo”.

Esta práctica se hace habitualmente con medicamentos para los cuales no hay competencia de genéricos, como el caso de las inyecciones de epinefrina, EpiPen, que se utilizan para casos graves de reacciones alérgicas y cuya propietaria, la farmacéutica Mylan, ha multiplicado su precio por cinco en apenas 9 años, hasta los casi 600 dólares por cada pack de inyecciones.

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